Luz Escobar

Así reprimen a las mujeres periodistas en Cuba

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Las mujeres periodistas en Cuba sufren formas de violencia asociadas al género que los hombre generalmente no padecen: privarlas de la custodia de sus hijos y el acoso sexual son algunas de estas agresiones

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Un día antes de la marcha del Primero de Mayo en La Habana, la periodista del diario independiente 14 y Medio, Luz Escobar fue intimidada por un oficial de la Seguridad del Estado para que no asistiera al desfile de los trabajadores. El agente de la policía política cubana le advirtió que podría ser detenida si acudía a la Plaza de la Revolución.

 Con anterioridad también había recibido amenazas semejantes en vísperas de una besada organizada por los grupos LGTBI+, en apoyo al matrimonio igualitario, y en la mañana del siete de abril, cuando se efectúo en la capital de la isla una marcha animalista.

Luz logró reportar cada una de estas actividades sin que las amenazas se materializaran pero en la tarde del 8 de mayo fue arrestada por la policía nacional. Desde un albergue para personas sin vivienda en el municipio de Boyeros, donde se encontraba, fue conducida en un auto oficial a la estación militar. Cinco horas después la liberaron.

A finales de ese mismo mes, el 22 de mayo, a Escobar le impidieron volar hacia Washington para participar en los talleres de Arte y Periodismo Independiente, que organizaba la Cuban Soul Fundation. En el aeropuerto internacional José Martí, los oficiales de inmigración le comunicaron que no podía viajar porque estaba involucrada en un proceso investigativo. Hasta hoy se mantiene su prohibitiva de salida.

 Estos ataques a la reportera de 14 y Medio tienen lugar en el contexto de una ola de represión a la prensa no oficial acaecida en los últimos meses en Cuba.  Hasta junio de 2019 habían sido reportadas a APLP 54 agresiones a periodistas independientes, 11 de ellas a mujeres. Y había sido bloqueado el acceso a tres nuevos medios de prensa no oficiales

Como parte de estas agresiones los reporteros son intimidados, allanan sus casas, vigilan sus domicilios, los provocan en la vía pública y decomisan sus medios de trabajo. Otro acto de hostigamiento usual son las detenciones arbitrarias durante algunas horas en la mayoría de los casos. Aunque, a finales de marzo el periodista de Cubanet Roberto Quiñones, en el Oriente del país, pasó cinco días en prisión por intentar cubrir el encarcelamiento de dos pastores que querían educar a sus hijos desde casa. Como consecuencia de esa detención hoy Quiñones cumple un año de internamiento acusado de resistencia y desobediencia.

A estas medidas de coerción se suma la prohibitiva de salida por períodos de tiempo aleatorios. Al menos unos 196 ciudadanos cubanos habían denunciado su estatus de regulados a finales de septiembre. Esta es la categoría que mantiene el gobierno para limitar la movilidad de ciudadanos específicos después de eliminar la carta blanca, o visa de salida, en 2013.

  Los periodistas son uno de los grupos a quienes más se les restringe su movilidad. En junio, por ejemplo, a las periodistas Ileana Colas y Maricél Nápoles no se les autorizó a viajar para participar en la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA). En el aeropuerto de La Habana se les informó que estaban “reguladas”. Actualmente el 60 por ciento de los reporteros bajo esta prohibitiva son mujeres, según los datos registrados por APLP.

 El Vicepresidente regional para Cuba de la Comisión de Libertad de Prensa e Información de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), Henry Constantín, en su penúltimo informe apuntó que si bien son los hombres los que resultan detenidos con más frecuencia y duración, es a las mujeres a las que las autoridades les aplica los castigos más prolongados, especialmente a aquellas que tienen hijos: “ Karina Gálvez –analista económica y miembro del consejo de redacción de la revista Convivencia- cumple una condena de tres años por un delito fabricado, que la obliga a no salir de su municipio y a hacer un trabajo humillante para no ir a la cárcel”, relató Constantín.

Estas intimidaciones a las periodistas, en medio de una sociedad que comienza a informatizarse, trascienden también al ámbito virtual. Algunos comunicadores independientes son víctimas de diversas campañas difamatorias en estos espacios. En el mes de junio la directora de 14 y Medio, Yoanis Sáchez, denunció mensajes de odio y misoginia por parte de funcionarios públicos en las redes sociales.

Las periodistas independientes sufren en la isla distintas formas  de violencia vinculadas al género que los hombres generalmente no padecen. Las reporteras, por ejemplo, han denunciado acoso sexual y desnudos obligatorios durante los cuales le han ordenado hacer cuclillas en medio interrogatorios. También han sufrido maltratos a sus viviendas por los cooperadores de la Seguridad del Estado, con carteles ofensivos en la fachada de sus inmuebles.

Las principales amenazas contra ellas se centran en sus familiares, especialmente sus hijos menores de edad. Retirarles la guarda y cuidado de estos o afectar su seguridad privándolas de la libertad, son las más frecuentes.

 Adriana Zamora periodistas de Diario de Cuba, durante el embarazo recibió amenazas contra su vida y la de su bebé. Actualmente se encuentra en el exilio, una decisión que se han visto forzados a tomar en este año al menos 7 periodistas monitoreados por Cubalex. Otro 3 están inactivos.

 También son centro de las amenazas los familiares mayores de edad o que presentan algún tipo de enfermedad que los obliga a requerir los servicios públicos. En estos casos les “advierte” que puede sucederles algo mientras reciben asistencia médica.  El rol de madres y cuidadoras las hace vulnerables.

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Plural: 2 comentarios en “Así reprimen a las mujeres periodistas en Cuba”

  1. Los que quieren gobernar a un pueblo que añora la Libertad tienen terror a los que piensan diferentes, pero creo que ese terror de multiplica cuando son mujeres valientes y temerarias las que los enfrentan

  2. Como cubano lamento ocurran estas cosas. Me entristece pensar pertenezco a un pueblo que las desconoce o abiertamente las permite. Espero no se repitan más tarde (como otras veces ya en nuestra historia), las explosiones de odio contra los esbirros que hoy constituyen el brazo ejecutor de esas medidas sin cargo de conciencia.

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