Seguramente ha escuchado que todos los derechos humanos son iguales, necesarios e interdependientes. No se pueden restringir unos para garantizar otros. No importa el sistema político o la ideología en el poder. Los estados están obligados a garantizar, promover y respetar todos nuestros derechos sin distinción de ningún tipo. 

También debe haber escuchado que la educación y salud gratuitas son una obligación de los estados. En mi país es un logro del Gobierno, que ha sido alabado en el mundo entero por ese motivo. También por haber sobrevivido a las acciones de su «vecino del norte», pero todos obvian que existe un único partido y una sola ideología, que impiden a todos los que piensan diferente expresarse o participar en el Gobierno. 

En la Isla hay elecciones periódicas, pero no son libres ni transparentes. Un grupo político ha permanecido en el poder por más de 60 años, sin alternancia. Una misma persona ocupa cargos políticos en varios órganos del Estado. Participa en la formulación de las leyes y también es su ejecución. El poder judicial no existe. 

El Estado y los individuos que lo dirigen tienen mucho poder. Controlan más del 80% de las tierras del país, todos los hospitales, las escuelas y los medios de comunicación. El Estado también es el principal empleador. Nadie puede revelarse. Supuestamente, el Gobierno solo recibe críticas de personas que reciben dinero para representar los intereses de una potencia extranjera. 

Publicar una nota periodística en un medio digital independiente, un comentario en las redes sociales o reunirse con personas que piensan diferente, es suficiente para que, en nombre de la defensa y soberanía nacional, detengan, interroguen, amenacen y lleven a prisión a cualquier ciudadano cubano. Incluso, las autoridades impiden a los activistas, artistas y periodistas disidentes moverse dentro de su país y salir de él.   

En 2007 hice públicas mis ideas en medios alternativos de prensa. En 2010 fundé Cubalex, una oficina para ofrecer asesoría legal gratuita. Mi equipo investigó y denunció violaciones de derechos humanos durante seis años. Sí, me convertí en una abogada defensora de derechos humanos, pero también fui acusada de ser mercenaria al servicio de un gobierno extranjero. 

El 23 de septiembre de 2016 mi casa, sede principal de la organización, fue allanada. Los policías llegaron de sorpresa y con muy malas intenciones. Cortaron las comunicaciones para evitar que diéramos la voz de alerta. La orden de allanamiento era ilegal, pero no les importó que apelara a mi derecho constitucional de inviolabilidad del domicilio. Aún recuerdo el dolor en mis mandíbulas, provocado por apretar los dientes para no reaccionar mientras ellos rompían las puertas y entraban por la fuerza. 

Confiscaron nuestro teléfono y computadoras. Se llevaron todos los documentos relacionados con el trabajo y los clientes de Cubalex e, incluso, tomaron la propiedad del inmueble. Nos impidieron ingerir alimentos durante las 11 horas que duró el registro. Nos interrogaron. Cinco mujeres fuimos obligadas a desnudarnos. En el rostro de los agentes del Estado vi el placer por humillarnos. A mi único colega hombre se lo llevaron preso por un año. Todavía me pregunto: ¿qué fue lo que hicimos para merecer ese castigo? 

Un mes después del allanamiento, la Fiscalía, una institución que supuestamente debe velar por los derechos de los ciudadanos, interrogó a varios de nuestros clientes. La mayoría de ellos eran personas privadas de libertad. Los grababan mientras los cuestionaban por haber requerido los servicios de «un grupo ilegal». A los que estaban en prisión les propusieron privilegios o beneficios de excarcelación a cambio de declarar en contra nuestra.

Teníamos mucho miedo a ser sometidas a un juicio sin las garantías del debido proceso, a terminar en la prisión, a no poder continuar con nuestro trabajo. La ansiedad y depresión hicieron estragos en nuestros cuerpos. Nada ni nadie podía protegernos. Nuestra única salida fue solicitar refugio. Ellos lo sabían y nos forzaron a ello. 

Emitieron una alerta para evitar que abandonara el país. Sin embargo, un día antes de mi salida definitiva la Fiscalía me informó que tenía suficientes pruebas en mi contra para llevarme a prisión. Recibir recursos de la cooperación internacional y contratar trabajadores infringía las normas legales internas, me dijeron. La asesoría legal gratuita no está entre las 240 actividades que el Estado permite ejercer a los ciudadanos.

Tenían una factura falsa con la firma del copropietario del inmueble que nos servía de sede. El documento, supuestamente, había sido utilizado para legalizar la vivienda. Además, contaban con las declaraciones de una empleada estatal que decía haberme escuchado ofrecer regalos a funcionarios del Estado para agilizar los trámites. Esas eran sus pruebas para acusarme por «falsificación de documentos» y «cohecho», delitos por los que podían privarme de libertad entre tres y ocho años.

«Permitiremos tu salida del país, pero, si regresas reactivaremos la acusación en tu contra», me advirtieron. Llevo casi tres años sin regresar, sin poder abrazar a mi madre. No pude darle el último adiós a mi abuelo cuando falleció el año pasado. Aún lloro la ausencia de todo lo que conocí durante la mayor parte de mi vida y me vi obligada a abandonar. No sé si podré volver algún día, pero estoy aquí porque no me doy por vencida.  

Mi historia no es excepcional. Se repite en cada defensor de derechos humanos, periodista, artista o escritor que decide expresarse libre y públicamente. La diferencia es que muchos de ellos no quieren o no pueden escapar. Aun así, todos deseamos lo mismo: el respeto de los derechos y libertades fundamentales de los cubanos, sin importar cómo piensen o dónde vivan. 

Tenemos muchos obstáculos en nuestro camino, especialmente prejuicios que nos ubican en extremos ideológicos y posiciones radicales, y que atentan contra nuestro derecho de ser escuchados. 

Pero ustedes pueden ayudarnos a cambiar esa realidad. Ayúdennos a promover las voces y narrativas de periodistas y defensores de los derechos humanos. Lleven nuestros mensajes e historias a cada rincón del planeta en diferentes lenguas, para que todos conozcan la verdad sobre la situación de los derechos humanos en Cuba.

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