Al preguntarle a la abogada Laritza Diversent, directora y fundadora del centro de asesoría legal Cubalex, por el coste que ha tenido para su vida haber creado una organización dedicada a ofrecer asesoría legal a los cubanos, que además ha presentado informes sobre violaciones de derechos humanos en la Isla ante organismos internacionales, lo primero que dice es «el descrédito». Pero el descrédito fue solo el principio.

Diversent comenzó escribiendo para medios como Cubanet, sobre temas legales, pero eso no la satisfacía.  «Había muchas personas alrededor y en los comentarios a esos trabajos, o personas que se comunicaban conmigo, pidiéndome opinión acerca de un caso o de una norma determinada. Eso me hizo darme cuenta de que hacía falta una organización que diera asesoría legal.»

Esta necesidad la llevó a estar entre los fundadores de la Asociación Jurídica Cubana, que dirige el abogado Wilfredo Vallín. De esta organización se retiró a principios de 2010, e inmediatamente comenzó a trabajar en la fundación de Cubalex.

Además de ofrecer asesoría legal a los ciudadanos, Cubalex ha presentado informes sobre violaciones de derechos humanos en Cuba, ante organismos internacionales, pero esta actividad no estaba en los planes iniciales de la organización. Sin embargo, Laritza empezó a verse obligada a recurrir a internet para investigar temas de derechos humanos.

«Durante la universidad, en la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana, y me imagino que, en el resto de las facultades, no se dio asignatura de Derechos Humanos. Se habló de Derecho Internacional y tal vez se mencionó la Declaración Universal. Pero los derechos humanos son todo un curso completo. Yo hice una maestría en Derechos Humanos. Tienen su contenido propio y sus normas. Eso nunca lo dimos en la Facultad de Derecho.»

Los casos que acumulaba Cubalex mostraban un patrón de comportamiento del Estado cubano en cuanto a derechos humanos. Los contactos con el exterior a través del correo electrónico les permitieron obtener información específica sobre los mecanismos internacionales interesados en recibir informes sobre Cuba.

A partir de 2012 tuvieron la oportunidad de presentar casos a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), ya que, aunque el Estado cubano no pertenece a la OEA, se pueden realizar denuncias de violaciones de derechos humanos por parte del Estado ante este organismo.

Amenazas que se materializaron en 2016

Prácticamente desde que Cubalex empezó a interactuar con organismos internacionales, comenzó la campaña de descrédito contra la organización, y específicamente contra su directora.

«Mi cara era la más visible. Yo hacía periodismo, mi nombre era conocido. El descrédito cayó sobre mi persona. Hubo varios artículos acusándome de corrupta porque recibía dinero de la cooperación internacional, todo ese prejuicio que ha implantado el Estado alrededor de recibir plata para poder hacer el trabajo que se hace.»

Aunque Cubalex recibió fondos desde el principio, Diversent explica que cuando estaba en Cuba nunca lo reconoció, porque «colocaba en riesgo a mi equipo».

Además del descrédito, Cubalex recibió amenazas que se materializaron en 2016 con el allanamiento a la sede y la confiscación de todos los equipos de trabajo, lo que Diversent clasifica como «el acto más agresivo».

La consecuencia de este hecho fue que Cubalex debió cerrar la sede. Además, perdieron mucha información y varios expedientes que consideraban parte de una memoria histórica sobre violaciones de derechos humanos en el contexto cubano y de investigaciones con resultados concretos.

Tras el allanamiento, varios clientes ofrecieron sus casas para que Cubalex siguiera ofreciendo sus servicios. «Algo que no íbamos a hacer porque no queríamos poner en riesgo a más nadie», cuenta Diversent.

A través de los clientes y las personas privadas de libertad, supo sobre las citaciones e interrogatorios que estaban realizando Fiscalía y el MININT «con cámaras de grabación y todo» para conocer el tipo de servicios que ofrecía Cubalex y si cobraba por ellos. Nadie pudo alegar que les hubieran cobrado.

«Nosotros no aceptábamos ni siquiera regalos. Eso lo teníamos bien claro desde el principio. No podíamos aceptar regalos porque podía interpretarse como que cobrábamos, no en dinero sino en especie. Teníamos políticas en ese sentido. Algo que no pasa en las instituciones estatales. El Estado estaba seguro [de que los cogerían en falta] porque nos estaban midiendo con la misma vara que se miden ellos.»

Diversent explica que las instituciones estatales tienen tarifas establecidas, pero las personas suelen pagar para agilizar trámites y tener una atención especializada. Eso no funcionaba en Cubalex, donde no se cobraba ni la impresión de documentos.

«En ningún caso ninguno de los clientes se puso a favor de lo que quería la Seguridad del Estado, todo lo contrario. Todos estaban muy agradecidos, porque incluso ayudamos con recursos económicos a los familiares de personas privadas de libertad, que no tenían recursos suficientes para ir a una visita, por ejemplo. Los ayudábamos con el transporte, productos de primera necesidad, en los casos que podíamos identificar que la familia tenía una situación económica crítica.»

No quiero ni siquiera que la gente me compare con Mariana Grajales

Finalmente, los miembros de Cubalex se vieron forzados al exilio. «La decisión la tomamos nosotros, pero basados en que corríamos riesgo dentro de Cuba», explica Diversent.

También su familia se vio afectada y más concretamente su hijo, de quien dice con orgullo que «admira mi trabajo». Sin embargo, en 2016 ella tuvo que preguntarse si era más importante continuar en Cuba realizando su trabajo y arriesgarse a ir a la cárcel, y poner en peligro a su hijo que con 16 años ya era responsable penalmente.

«Lo digo siempre, yo no soy heroína y no quiero ni siquiera que la gente me compare con Mariana Grajales, que mandó a su hijo al primer frente de batalla. Yo no quiero que mi hijo pase por nada de eso. Por eso tomé la decisión de continuar mi trabajo fuera de Cuba. Mi punto débil en mi trabajo era mi hijo que ya tenía 16 años, era responsable penalmente. El próximo intento iba a ir por ahí.»

Cuenta que además el allanamiento había afectado a su hijo psicológicamente y podía repetirse si ella continuaba su trabajo en Cuba. «Había que valorar. En la balanza pesó más continuar con el trabajo de Cubalex y la seguridad de mi hijo.»

Diversent es consciente de que su decisión se basó en criterios personales y no busca que nadie la entienda. Considera que si el patriotismo es quedarse en Cuba, sacrificarse e ir a prisión, ella no es patriota. «Para mí ha sido mucho más importante seguir poniendo mis conocimientos y toda mi dedicación en el trabajo de los derechos humanos en Cuba.»

Considerando las amenazas, la pérdida de su tranquilidad y la de su hijo, más la lejanía de su madre y parte de su familia, Laritza Diversent tiene motivos para pensar que ha perdido más de lo que ha ganado con la creación de Cubalex y la presentación de informes sobre derechos humanos. Sin embargo, afirma que, si pudiera volver atrás, lo haría todo de nuevo.

«Para mí Cubalex ha sido toda una escuela. No solo me ha exigido muchísimo desde el punto de vista profesional, porque me he tenido que formar prácticamente de manera autodidacta. He aprendido más con el trabajo en Cubalex que en los cinco años que estudié la carrera.»

Además, asegura que ser defensor de derechos humanos implica un cambio de óptica ante la vida, sobre todo para los cubanos que hemos sido adoctrinados y «prácticamente todos llevamos un dictador dentro», por lo que es un reto aplicar principios como la igualdad y la no discriminación, en el día a día. Este trabajo también le ha permitido a Laritza Diversent «llegar a escenarios que nunca habría soñado».

Aunque continúa dedicando sus conocimientos tiempo a trabajar por los derechos humanos en Cuba, el exilio ha cambiado la forma de trabajo de Cubalex.

«El grupo poblacional cambió. Mientras estuvimos en Cuba, atendíamos principalmente a las personas que iban a la oficina, la mayoría no tenía motivaciones políticas o críticas respecto al Gobierno. Si las tenían, ese no era el motivo principal por el que se dirigían a nosotros. Eso nos abrió un mundo de violaciones que no teníamos pensado, por ejemplo, en temas de educación, de salud, en muchísimas otras aristas que no estaban reducidas a los derechos políticos y civiles. Desde EEUU, la atención está centrada en defensores de derechos humanos, activistas, periodistas, porque son los que más se conectan. Nuestro trabajo sigue funcionando de manera online, ya no hay una atención cara a cara. Ahora es a través del correo electrónico o las redes sociales.»

Cubalex cuenta ahora con menos recursos humanos porque no puede pagar todos los salarios. Debido a ello, no obtienen los resultados de trabajo que cabría esperar, dada su experiencia y conocimiento del sistema legal cubano.

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