Relato de un allanamiento, previo al exilio

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A esta hora hace seis años allanaron nuestra sede en La Habana. En ese momento comenzó una pesadilla que nos llevó al exilio sin la posibilidad de poder regresar, mientras exista la dictadura, junto a nuestras familias. A pesar de ello no dejamos que exterminaran la organización y el trabajo que hacíamos, que hacemos.

Este es el relato de Cubalex, sobre qué pasó ese día.

Alrededor de las 8.30 A.M comenzamos a ver movimientos extraños cerca de la casa: varios civiles y motos. Nos dimos cuenta que algo pasaba y de que éramos el objetivo. Luego lo confirmamos con un miembro de la organización, que no estaba en la sede ese día, y avisó que algo raro sucedía en el entorno: oficiales de la seguridad del Estado vestidos de civil, carros, patrullas y un camión de los llamados “avispas negras”. A dos cuadras también parquearon dos camiones con más militares. Todo eso para ir contra ocho personas, mujeres en su mayoría.

Cuando tocaron la puerta, Laritza Diversent, directora de Cubalex y dueña de la vivienda, solicitó la orden de registro. La revisó y notificó a las autoridades que “no cumplía con los requisitos legales”, negándoles la entrada y sugiriéndoles que la modificaran conforme a la ley. La respuesta fue que entrarían a la fuerza. Eso nos dio algunas horas, pero con la presión de que afuera tenían a un cerrajero manipulando el yale para forzarlo y entrar.

Minutos después cortaron nuestras comunicaciones y las de toda la vecindad. Solo dio tiempo a hacer dos llamadas para denunciar el allanamiento. Dayan Pérez, miembro del equipo, corrió al parque del WIFI y publicó la noticia, luego fue detenido.

A pesar del esfuerzo, no pudieron abrir el yale de la reja principal y a golpes rompieron el candado del estacionamiento. Entraron a la terraza y un oficial de civil corrió y arrancó las cámaras de seguridad del portal y primer piso. Fueron a la terraza que da a la cocina y tampoco consiguieron entrar. Entonces decidieron intentar romper otro yale, pero como la puerta era de hierro usaron un soplete y cortadores.

Así allanaron la sede la fiscal Beatriz Peña de la Oz, la misma que hace poco fue presentada en la televisión nacional, al frente de otras 20 personas. Entre ellas, una doctora, una trabajadora de la fiscalía, el Teniente Coronel Juan Carlos Delgado Casanova, que dirigió el operativo desde su condición de oficial del Ministerio del Interior, otra fiscal de la provincia Sailehs Montero y una instructora llamada Doralis, quien hizo la relación de los equipos que fueron ocupados, en el acta de registro.

Vinieron también peritos que tomaron fotos, un camarógrafo que lo filmaba todo y otros peritos informáticos. Había además varios oficiales de la seguridad del Estado, dos policías de uniforme y más oficiales del MININT con el uniforme típico de custodios de prisiones, una representante de la Oficina Nacional de Administración Tributaria (ONAT), alguien del Instituto de Planificación Física y uno del Ministerio de Justicia.

Dentro, estábamos ocho miembros del equipo: Yamara Rodriguez, Maria Bonet, Diego Silva, Amado Iglesias, Maria Teresa Perdomo, Arianna Romero, Julio Ferrer .Laritza Diversent.

Nos mandaron a salir a todos, excepto a Laritza, afuera a la terraza y nos quitaron los celulares (y los pusieron en una bolsa que decía: CR, siglas para “contrarrevolucionarios”). Nos tuvieron sin ingerir alimentos hasta las 6:00 PM cuando nos permitieron hacernos un café.

Todo fue minuciosamente registrado y confiscado, absolutamente todo: computadoras, impresoras, cámaras, memorias, expedientes de los casos en los que trabajamos. Ahí empezaron los interrogatorios a manos de las fiscales. A las 9:00 PM, el Teniente Coronel Juan Carlos Delgado Casanova ordenó un cacheo a cinco de nosotros: Julio, Laritza, Maria, Yamara y Arianna. Fuimos obligados a desnudarnos completamente y realizar tres cuclillas de frente y tres de espalda.

Las autoridades se retiraron de la sede cerca de las 12 de la noche. Todos nos paramos en el portón y les dijimos adiós con las manos. Después de eso y de largos interrogatorios, fuimos obligados al exilio forzado, como única alternativa para no ir a prisión. Julio Ferrer fue detenido y pasó un año en la cárcel. El 23 de septiembre marcó un cambio tremendo en nuestras vidas: comenzó nuestro destierro y la separación de nuestras familias.

Pero la Seguridad del Estado con lo que no contaba era que incluso fuera del país, seguiríamos trabajando por Cuba.

Un 23 de septiembre, en la Habana

una sede de defensores humanos fue allanada

y un Teniente coronel daba la orden

que a cuatro mujeres y un hombre desnudaran

¡Desnúdate!

fue la frase escuchada,

mis labios con fuerzas apretaba,

mi cerebro se negaba a procesar la orden,

observé sus manos sobre tonfa y revolver

al tiempo que repetía  sus palabras,

-¡desnúdate, tienes que hacerlo!-

Aún recuerdo sus palabras

Sentí se me apretaba el pecho,

un salto en el estómago

me ardía la cara,

los labios me temblaban

ya me sabía humillada y abusada

pero ella era la ley,

el poder todo de su lado

le habían dado una orden,

y la cumplía

el daño causado no les importaba

La vergüenza, la ira, la impotencia

hizo mis movimientos más pesados

“nada puedes hacer, me dije entonces,

que no sea aguantar este  ultraje sobrado

mientras sentía la vida me quebraban

A otras tres mujeres desnudaban

y entre ellas, mi hija se encontraba

al saberlo, sentí un nudo en mi garganta

la rabia recorrió todo mi cuerpo

mis mandíbulas con rabia yo apretaba

me sentí leona presa y enjaulada

que a su cachorro defender ya no podía,

el odio en mi interior me abrasó el alma

la soberbia se hizo dueña de mi cuerpo

la angustia el alma me calaba

cuando el dolor me dejó sin lágrimas

Daño sufrido, furia acumulada

Nos dejaron lesiones en el alma