El activista cubano Guillermo del Sol Pérez, integrante de Cuba Decide, cumple 42 días en huelga de hambre en su vivienda de Santa Clara para exigir la liberación del preso político del 11J Leonel Tristá y de otros 17 prisioneros políticos de Villa Clara.
Su estado de salud se ha deteriorado de forma considerable, mientras el Estado cubano continúa sin ofrecer una respuesta a las demandas que motivaron la protesta.
Según declaraciones a la prensa de personas cercanas a él, Del Sol presenta un cuadro clínico preocupante, con crisis de su diabetes e hipertensión. Los médicos que lo visitan han manifestado que sus reservas están muy bajas y que pronto podría colapsar por completo, sin embargo, el opositor se mantiene firme en la protesta.
La huelga de hambre comenzó en junio, pocos días después de que agentes de la Seguridad del Estado detuvieran arbitrariamente a Del Sol durante varias horas, tras acusarlo de haber robado una motorina de la que el activista posee la documentación legal. Desde entonces, mantiene la protesta para reclamar la excarcelación de Leonel Tristá y del resto de los presos políticos por los que exige justicia.
Uno de los detonantes de la huelga fue precisamente el regreso a prisión de Leonel Tristá, uno de los manifestantes condenados por participar en las protestas del 11 de julio de 2021. Aunque había sido excarcelado en 2025 como parte del proceso de liberaciones anunciado por el régimen, este mes las autoridades revocaron ese beneficio y ordenaron su reingreso en la prisión de Guamajal, en Villa Clara, donde deberá cumplir el resto de su condena de ocho años.
La huelga de hambre como forma de protesta ante la falta de recursos efectivos
La situación de Guillermo del Sol refleja un patrón documentado por Cubalex sobre el uso de la huelga de hambre en Cuba como último recurso frente a la inexistencia de mecanismos efectivos para reclamar derechos.
Desde una perspectiva técnica, la huelga de hambre consiste en la negativa deliberada y voluntaria a ingerir alimentos —y en ocasiones también líquidos, cuando se trata de una huelga de sed— con el propósito de obtener una demanda concreta, ya sea de carácter personal, legal o político. A diferencia de otras formas de protesta, su duración es indeterminada: concluye únicamente cuando el huelguista decide abandonarla, cuando se satisfacen sus exigencias o cuando sobreviene la muerte.
En el contexto cubano, esta forma de protesta constituye una manifestación del ejercicio de la libertad de expresión y del derecho a la protesta pacífica, protegidos por los estándares internacionales de derechos humanos. Sin embargo, también evidencia la ausencia de recursos internos efectivos para denunciar violaciones de derechos fundamentales o cuestionar decisiones arbitrarias del Estado.
La doctrina internacional identifica esta realidad como la ineficacia de los recursos de la jurisdicción interna: cuando las personas no encuentran vías judiciales independientes ni mecanismos administrativos eficaces para obtener protección, recurren a formas extremas de protesta como la huelga de hambre.
Una huelga desde el domicilio: mayor visibilidad y nuevas formas de represión
El caso de Del Sol también resulta significativo por el lugar donde desarrolla su protesta. A diferencia de quienes realizan huelgas de hambre dentro de centros penitenciarios o estaciones policiales, el activista permanece en su vivienda en Santa Clara.
Las huelgas de hambre en domicilios poseen una dimensión distinta. Al producirse fuera del sistema penitenciario, las autoridades no pueden calificarlas formalmente como actos de “indisciplina” carcelaria, por lo que suelen recurrir a otros mecanismos de control y represión.
En estos casos es frecuente el establecimiento de vigilancia permanente sobre la vivienda, el corte de los servicios de internet, el cerco policial para impedir visitas de familiares, periodistas o personas solidarias, así como la detención de quienes intentan brindar apoyo al huelguista o la fabricación de procesos penales por supuestos delitos como desacato, desórdenes públicos o instigación a delinquir.
Precisamente por desarrollarse en un espacio privado convertido en escenario de denuncia pública, este tipo de huelgas adquiere una mayor capacidad de visibilización nacional e internacional y reafirma su carácter de protesta civil frente al Estado.